La música es algo muy especial. Es hermosa. Alegra el alma. Escucharla es genial. De alguna manera es capaz de describir todos los estados del corazón humano. La música puede ser y es de hecho una herramienta poderosa en las manos del cristiano. En “Vivir para conocer a Dios” queremos progresivamente ir tratando algunos temas relacionados con la música, su uso dentro de la iglesia y la forma en que podemos crecer.
Deben ser los adoradores quienes ministren la alabanza. No se trata simplemente de cantar y tocar. Ese es el primer error que muchas veces se comete y que puede tener consecuencias funestas. Hay personas que cantan muy bien o tocan muy bien pero, no tiene que ser por mala intensión y sí por comodidad, o por exceso de confianza que conocen muchas canciones, las dominan bien y entonces no se preparan. Llega el día de la ministración y no sucede nada, tan solo unas canciones bien tocadas y bien cantadas. Quien escoge las canciones que se van a usar, es un ministro, de la misma manera que lo es un predicador. Un predicador le pide al Señor que le revele lo que debe decirle al pueblo. Debe buscar un tema, debe tener los pasajes bíblicos que va a utilizar. No puede ir a decirle a la gente lo primero que se le ocurra. Improvisar a última hora. De la misma manera sucede con el ministro de alabanza. No puede pensar que el tiempo de las alabanzas es solo un tiempo musical. Generalmente es un tiempo musical pero debe ministrar. No puede o no debe improvisar. Debe orar para que el Señor le guíe a la hora de escoger las canciones, y todos, cantantes y músicos, esforzarse por el resultado.
Próximamente vamos a ir profundizando en el tema por la importancia que tiene. Muchas bendiciones de Dios para ti.
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