No nos gusta, pero es necesario.

A muy pocas personas les resulta placentero ir a un hospital. Muchos enfermos, personas sufriendo. Algunos llevan semanas y meses ingresados con diversos padecimientos. Las familias sumamente estresadas por la situación. No es para menos. Unos dejan de trabajar para cuidar al enfermo. Los gastos se multiplican. A veces no son muchos en la familia y hay alguien que le toca quedarse todas las noches. Trabajar por el día y quedarse en el hospital en la noche. Durmiendo muy poco. Atendiendo al paciente y algún que otro cabecear de tiempo en tiempo. Con el paso de los días ese hombre o esa mujer están agotados, extenuados, no pueden rendir.

Lo mismo sucede con los funerales. A nadie le gusta ir a las funerarias o al cementerio. Eso es sinónimo de tragedia, de dolor, de pérdida. Si todos los miembros de una familia son cristianos no hay mucho problema, porque los cristianos sabemos que si morimos con Cristo, también viviremos con Él. Pero nunca una familia es cristiana en su totalidad y un hijo llora cuando pierde a un padre. Un padre se desespera cuando pierde a un hijo.

Hace tiempo conocí a una madre que uno de sus hijos se mató en un accidente de tránsito. Esa madre quedó destruida. Años habían pasado desde el accidente cuando la conocí, y a pesar de tener otros cuatro hijos, no pasaba un día sin que ella recordara a su hijo. Nunca volvió a ser igual que antes. Pero lo más triste fue que tiempo después otro de sus hijos, el más joven de todos, también tuvo un accidente. Iba transitando en su motocicleta por una calle preferencial y un conductor borracho no respetó el privilegio del joven y se le atravesó en el camino. Nada pudo hacer. Se estrelló sin remedio. No murió en el acto, pero se fracturó el cráneo de una manera violenta. Varios meses estuvo entre la vida y la muerte. Hasta que finalmente falleció. Si con la muerte del primero fue terrible, con la del segundo, ya no pudo más. Al poco tiempo, ella también murió. 

No nos gusta lidiar con estas cosas. Nos hacemos la idea de que no suceden, de que nunca nos va a pasar a nosotros. El dolor no le gusta a nadie. Pero debemos se conscientes de que hay mucho dolor en el mundo. Bien  cerca de nosotros. Hay mucho que podemos hacer. Muchos se muestran como personas exitosas que no tienen necesidad de nada, pero muchos están prácticamente suplicando por aquello de lo que tenemos necesidad. Todos necesitamos al Señor. Fuimos hechos así, con una profunda necesidad de Dios. Pero en lo que llega el momento de experimentar al Señor en toda su magnitud; en lo que nos acercamos a Él cada día más; sería genial poder sentir de forma práctica su misericordia y su amor por medio de sus hijos.

 

Mat 25. 31-46 nos dice: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,  y todos los santos ángeles con él,  entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones;  y apartará los unos de los otros,  como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha,  y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid,  benditos de mi Padre,  heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre,  y me disteis de comer;  tuve sed,  y me disteis de beber;  fui forastero,  y me recogisteis; estuve desnudo,  y me cubristeis;  enfermo,  y me visitasteis;  en la cárcel,  y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor,  ¿cuándo te vimos hambriento,  y te sustentamos,  o sediento,  y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero,  y te recogimos,  o desnudo,  y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo,  o en la cárcel,  y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey,  les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños,  a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí,  malditos,  al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre,  y no me disteis de comer;  tuve sed,  y no me disteis de beber; fui forastero,  y no me recogisteis;  estuve desnudo,  y no me cubristeis;  enfermo,  y en la cárcel,  y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor,  ¿cuándo te vimos hambriento,  sediento,  forastero,  desnudo,  enfermo,  o en la cárcel,  y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños,  tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno,  y los justos a la vida eterna”.   

Acerquémonos a Dios. Hay muchas cosas en su corazón.

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