“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Is 43. 18, 19). Que Palabra más hermosa y llena de esperanza. Que amor el del Señor para con su pueblo. El Señor sigue dispuesto a bendecir a su pueblo. Hoy es el día aceptable, todavía el Señor puede ser hallado. Está cercano. Dios es maravilloso.
Al libro del profeta Isaías se le ha llamado por muchos estudiosos la pequeña Biblia. Cosas curiosas que el Señor ha permitido. Tiene 66 capítulos, la misma cantidad de libros que la Biblia. Cuando pasan los primeros 39 capítulos, coincidentemente también con los libros del Antiguo Testamento, el capítulo 40 comienza con la profecía concerniente a Juan el bautista. Las buenas nuevas de que el pecado es perdonado. Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor. El capítulo 66 termina de forma muy parecida al Apocalipsis, hablando de cielos nuevos y tierra nueva y sobre el castigo para todos aquellos que se rebelaron contra Dios. Es increíble. Este libro está lleno de profecías sobre la venida y el ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Unas que se cumplieron ya y otras que se han de cumplir.
Isaías profetizó en tiempos muy críticos para Israel. Lo hizo durante muchos años, durante varios reinados. Muchas desgracias vinieron sobre el pueblo de Dios en aquellos tiempos. El reino de Judá estaba en guerra con Siria e incluso con sus hermanos del norte. Isaías profetizó la caída de estos reinos y la entrada triunfal de Asiria como potencia mundial. Efectivamente, Asiria invadió Damasco y Samaria y fueron tomadas y sus reinos reducidos a nada y sus moradores llevados en cautiverio. Pero Jerusalén prevaleció. No porque no intentaran tomarla sino porque el Señor de los ejércitos no lo permitió. El remanente fiel todavía luchaba, todavía estaba en pie. El Señor les defendió.
Jerusalén sitiada, miles de soldados listos para tomar la ciudad, el pueblo de Dios aparentemente indefenso. Pero Dios dijo: No entrarán en esta ciudad. Cuando Dios dice que algo va a suceder, sucede. Y no entraron. Algunos dicen que no es fácil hacer algo como esto. Para el hombre común y corriente eso es imposible. La ciudad sitiada, un ejército enorme a las puertas. Todo indica destrucción. Entonces viene Isaías y dice: No entrarán en esta ciudad. Isaías no estaba hablando lo que a él le parecía, Isaías estaba hablando la Palabra del Señor. No estaba hablando lo que sus oyentes querían escuchar, estaba hablando lo que necesitaban escuchar. El que tiene oídos para oír, oiga. Con toda la tranquilidad del mundo Isaías da el mensaje, porque confiaba en Dios, le creía a Dios. Las circunstancias no eran importantes. Ni la escasez, ni los problemas eran importantes, lo importante era que Dios estaba con su pueblo y no se iba a mover a ningún sitio para que sus enemigos les destruyeran.
Que bueno poder cultivar una relación así, una amistad así, para cuando arrecie la tormenta, disfrutar de paz. No importa lo que está sucediendo, no lo entiendo, no sé por qué ni para qué, pero si sé que Dios está conmigo y no me dejará ni me desamparará. ¡Gloria a Dios!
Nosotros no nos damos cuenta de lo increíblemente afortunados que somos. A cualquiera de nosotros le gustaría ser parte de algo importante. Tener un buen trabajo, muy bien remunerado, una carrera brillante, eso sería genial. Ya tenemos todo eso. Somos parte de la empresa más importante del universo, la única que está a prueba de quiebras. ¿Dónde mejor pudiera estar invertido nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro esfuerzo?
A Isaías le reveló cosas increíbles.
2 comentarios
el desierto no es un lugar para cojerle miedo es como dices una necesidad de todo creyente para madurar en los caminos de Dios , puedes visitarme en gerar.cubava.cu
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Dios te bendiga Gerardo. Estamos muy contentos con tu visita. Seguro entraremos en tu sitio y te saludaremos.