Nos hace falta

Independientemente de la fecha, el día de hoy es un día para los cristianos muy importante. Hoy es el día de Pentecostés. La fiesta de las semanas, o de la cosecha, o Shavuot, para los judíos. Se celebraba siete semanas después de la Pascua. Era un tiempo para agradecer al Señor por las cosechas, porque Dios bendecía con las lluvias y tenían alimentos. Pero no hablaremos hoy de todas las cosas que los judíos hacían y todavía hacen en todo el mundo. Queremos hablar de un día de Pentecostés especial, en un año donde también hubo una Pascua especial. El año de la cruz de Cristo. El año del sacrificio de Jesús.
Antes de irse, después de la resurrección, Jesús les dijo a los discípulos: “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Fueron tiempos muy hermosos para la iglesia. Dice la Biblia que ellos obedecieron. Permanecieron juntos, esperando, hasta que sucedió. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Lo que sucedió en aquel aposento alto no pasó inadvertido para los habitantes de Jerusalén y se les predicó el Evangelio. Jesús murió en la cruz, pero se levantó de entre los muertos y se encuentra sentado a la diestra del Padre. Solo en Él hay salvación. El velo del templo que impedía el paso al lugar santísimo se había rasgado, dando acceso a Dios. Un paso que estaba vedado a causa del pecado, y que ahora es abierto nuevamente para los que reciben a Jesús como Señor y Salvador y se arrepienten de su antigua manera de vivir. “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Es para todos, un regalo de Dios y una necesidad. Como tres mil personas aceptaron la Palabra ese día. Una gran bendición. Lo que los apóstoles recibieron aquel día de Pentecostés les permitió testificar con valor de Jesús por todo el mundo, les permitió dar su vida por el Señor. Les dio fuerzas, les dio Palabra, les dio dirección. No hay dudas de que nos hace falta. Y lo mejor de todo es que nos anhela celosamente. No está lejos.

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