Los regalos de Dios.

Es indiscutible que nuestro Señor nos ha dado cuantiosos regalos. La lista sería interminable. El regalo de la vida, es sin dudas maravilloso. La posibilidad de existir, de pensar, de caminar, de observar, de incluso utilizar la creación de Dios, es algo realmente invaluable. La esperanza de verle cara a cara, con un entendimiento mucho más profundo de lo que tenemos hoy, o para decirlo de otra manera, con una estatura más cercana a la del varón perfecto, por la obra de Dios en nosotros; debe motivarnos, inspirarnos, movernos hacia Él. Si miramos bien, podemos ver su mano haciendo cosas en nuestra vida, en detalles que muchas veces consideramos insignificantes. Pero Él está ahí, y eso es lo más importante. Pero hoy no quiero hablar de esos regalos, quiero hablar de otro tipo de regalos. Veamos Ef. 4. 11-16: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Los regalos de los que quiero hablar son los hombres y mujeres que Dios le ha dado a la iglesia para su edificación. Esta versión de la Biblia dice dones y eso efectivamente son, pero en nuestro hablar popular nunca decimos, por ejemplo, aprovechando una fecha cercana como el pasado día de las madres: Voy a comprarle los dones a mi mamá. Uno dice voy a comprarle los regalos a mi mamá. Y así debemos pensar a la hora de evaluar lo que son estás personas para nosotros. Estas personas son regalos de Dios. El Señor mismo les ha dado las capacidades necesarias para la edificación de la iglesia. No hay ninguno más importante. El evangelista no puede decir: Yo soy más importante que el pastor. El profeta no puede decir: yo soy más importante que el maestro. Todos son importantes y todos somos importantes. Si comprendiéramos está verdad y trabajáramos cada día más en equipo, creceríamos en amor de una manera tan maravillosa que el impacto sería glorioso. Dios le ha dado armas a su pueblo, tremendas armas, poderosas. La iglesia que usa los regalos de Dios es invencible. La iglesia que vive en humildad y mansedumbre como su Maestro, avanza a paso firme aun en los tiempos difíciles. La iglesia tiene todo lo que necesita y lo que le haga falta, el mismo Creador de los cielos y la tierra se encargará, en el momento justo, de suministrarlo.

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