Este pueblo que no era muy dado a escuchar, estaba tratando de escuchar. Ya había hecho lo mismo con Juan el Bautista. Las multitudes salieron a él y fueron bautizadas. Porque la gente tenía necesidad de escuchar. Las circunstancias de este pueblo eran muy difíciles. Un pueblo tan orgulloso como el judío, tan nacionalista, sometido al imperio romano, teniendo que pagar altísimos impuestos, sin derecho a muchísimas cosas que solo los ciudadanos romanos podían disfrutar. Son elementos que creaban las condiciones para un oído receptivo. Este pueblo esperaba la venida del Mesías, del linaje de David, un rey poderoso. Esas expectativas acompañadas de los milagros de sanidad que Jesús estaba haciendo, motivaban la curiosidad de las masas.
Jesús sanaba cualquier enfermedad, y eso también tiene importancia. Hoy nos enfermamos y pensamos en médicos, antibióticos, hospitales, pero en aquellos tiempos enfermarse con alguna enfermedad seria, dejaba al pueblo sin muchas opciones. Un hombre que sanaba leprosos, echaba fuera demonios, curaba todo tipo de dolencias, tenía por fuerza que provocar una reacción. Las personas generalmente están dispuestas a escuchar cuando tienen necesidad y sobre todo cuando ven las posibilidades de que sus necesidades sean atendidas. Escucharon a Juan el Bautista por un tiempo, pero cuando Juan les dijo que él no era el Cristo, comenzaron a dejarle. Vamos a escuchar a aquel que hace milagros. Este lo único que hace es hablar de arrepentimiento, de frutos dignos de arrepentimiento y no nos va a resolver ningún problema. Juan le cantaba las cuarenta a cualquiera, como hombre justo que era y lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. Generación de víboras, les decía. Generalmente a nadie le gusta que le canten las cuarenta. Juan sobrevivió hasta que se tropezó con un desvergonzado como Herodes que lo encarceló y finalmente mandó a matarle.
Muchas veces tenemos necesidades, problemas y nos lo dicen pero no hacemos nada al respecto. Rechazamos el consejo porque no creemos que se vaya a resolver. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir de la misma manera que no creemos que las cosas puedan cambiar. Déjame decirte que las cosas pueden cambiar para ti, para tu familia, si prestas atención a la voz de Dios. El principal obstáculo para que se resuelvan nuestros problemas somos nosotros mismos y con nuestra actitud nos frenamos a nosotros mismos y a las personas que dependen de nosotros. Mira tu vida, mira a tu alrededor a ver si no es verdad. Ellos dejaron a Juan, solo unos pocos fieles estaban con él a su muerte. Le dejaron porque no podía resolver sus problemas y hablaba cosas muy crudas y difíciles. Muchos discípulos también dejaron de seguir a Jesús, porque dura era su Palabra. Una multitud clamaba: “Hosanna al hijo de David”; y unos días después: “crucifícale”. El rey de Israel, el poderoso Mesías, no podía ser detenido por los romanos, no podría ser azotado. Ellos en su ceguera no podían ver que sus problemas no eran los romanos o los impuestos, o las enfermedades. Su problema era el pecado, su problema era el estar alejados de Dios, su problema era que eran muertos vivientes, sin esperanza. El Mesías de Dios no iba a reinar como David su padre, se iba a sacrificar a sí mismo para después reinar como su Padre Dios. Hoy nuestro problema más grande no es si tu casa se moja cuando llueve, o si no tienes casa. Tu problema más grande no es si no tienes un escaparate lleno de zapatos o no puedes ir de vacaciones a una playa. Tu problema más grande es todo aquello que te aleja de Dios, es todo aquello que te impide que cuando Dios habla ya sea por medio de su Palabra escrita, o por medio de esos hombres y mujeres espirituales dignos de confianza, no salgamos corriendo a poner las cosas en orden. No nos pongamos a llorar. Señor que estoy haciendo, perdóname, ayúdame. Ese es nuestro principal problema, que creamos que podemos seguir viviendo igual. Se dice una Palabra de Dios y no hacemos nada. Ya no somos nuestros, fuimos comprados por precio, y que precio: La preciosa sangre de Cristo. Debes ser sensible a lo que Dios está hablando. Huye del pecado que te asedia, huye, ten temor de Dios. Esa es una decisión tuya.
Continuará…
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