¡Que bueno es Jesús! ¡Que cosas hace Jesús! Jesús hace lo que nadie se imagina, lo que nadie espera y lo que hace es mucho mejor, mucho más completo, mucho más perfecto que lo mejor que hubiéramos podido imaginar. Nada es imposible para Dios. Las personas tienen que saberlo, conocer las virtudes, la hermosura de nuestro salvador. Es imposible que alguien que conozca a Jesús pueda permanecer normal, sin alterar su vida. Porque Jesús llega y todo cambia. Pero nosotros no siempre reaccionamos igual al mensaje del Señor. Nuestras reacciones muchas veces están condicionadas por las circunstancias. Si me siento bien, si me siento seguro, si mi economía es buena, si mis necesidades están satisfechas. No será igual si es todo lo contrario. No nos sentimos bien por cualquier motivo, salud, seguridad financiera y toda una serie de cosas que pueden intervenir en nuestra manera de pensar. Las circunstancias pueden atentar contra la fe si nuestra fe está basada en las circunstancias. Muchos piensan que si a alguien no le va bien es sinónimo de que no cuenta con el favor de Dios. Si alguien es próspero económicamente ese si es un bendito de Dios. ¡Cuidado! Los impíos con dinero superan abrumadoramente a los justos con dinero. La Palabra de Dios está llena de ejemplos de personas que cargaban sobre ellos, en su vida, signos de no agradar a Dios y sin embargo si agradaban a Dios y estaban enfrentados a muchas dificultades porque Dios, que sabe todas las cosas, tiene un propósito con cada uno de nosotros, y si nos pone una carga es porque podemos llevarla. Él sabe bien lo que puede dar cada uno de nosotros. Que cosa más terrible para una mujer en esa época que no poder tener hijos. Ese era un signo evidente de estar en desgracia. A Elizabeth, la madre de Juan el Bautista la llamaban estéril. Alguien preguntaba ¿Dónde vive Elizabeth la mujer de Zacarías? Ah, la estéril, ella vive allí al doblar. No era su sello distintivo el ser una sierva de Dios irreprensible, que así lo testifica la Palabra. Las personas la distinguían porque era estéril y no podía tener hijos. Nuestro juicio nunca debe estar condicionado por las apariencias, por lo que otros digan, debe estar condicionado por la Palabra de Dios y el mensaje de Dios lo debemos recibir como lo que es, Palabra de Dios. Ir a las escrituras, escudriñarlo, para comprobar la veracidad de lo que se está hablando, porque las escrituras no se contradicen y son el filtro por el que tiene que pasar todo. Las circunstancias no pueden ni deben condicionar nuestra respuesta al mensaje del Señor.
Leamos el siguiente pasaje (Lc 5. 17- 26): “Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas”.
El Señor Jesús en este momento de su historia está en una situación en que muchas, muchísimas personas están deseosas de oír, muchas personas están buscando respuestas a los numerosos conflictos y situaciones que les aquejaban en la vida. Jesús el día en que sanó al paralítico estaba enseñando y aquel lugar estaba repleto. Fariseos, doctores de la ley, habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea, y hasta de la mismísima Jerusalén hasta Capernaum para escuchar hablar al Maestro. Y no quedarían defraudados.
Continuará…
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