No existe ninguna rama de la vida donde un ser humano pueda vanagloriarse de que no necesita a los demás. Eso es real a nivel de gobiernos, de empresas, de la familia y también por supuesto de cualquier cosa que hagamos para Dios. Leamos el versículo siguiente: 1Cr 11. 10: “Estos son los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová”. Así comienza un pasaje que se extiende hasta el último versículo de este capítulo, el versículo 47; mencionando los nombres de una serie de hombres valientes que apoyaron a David y menciona alguna de las proezas que ellos hicieron. David era un gran hombre, un adorador. En él se da perfectamente una combinación que no es muy frecuente. Podía deleitar al rey Saúl con la música que sacaba del arpa, pero podía también empuñar la espada con una destreza admirable y una valentía sin discusión. Ese tipo de hombre no se ve con mucha frecuencia. En la historia se puede ver hombres y mujeres valientes, muchos. También se puede ver hombres y mujeres de oración, hombres y mujeres en las artes. Pero donde se den ambas cosas, no es muy común. Un hombre de acción y un hombre de oración incluidos en la misma persona. Un hombre que puede derramar la sangre de sus enemigos sin vacilar pero también puede derramar su alma en la presencia de Dios, llorando, reconociendo sus debilidades, confesando su tristeza, pero por sobre todas las cosas anhelando a Dios. No cabe dudas de quien era David. Un gran líder, que fue rey por la voluntad de Dios. El profeta Samuel lo ungió como rey sobre Israel pero el nombramiento oficial, el reconocimiento de los hombres no fue hasta muchos años después. Tuvo que empezar de abajo. Simple pastor de ovejas, músico del rey, retador de Goliat, valiente soldado, hombre perseguido por el rey, peligros de todo tipo. Situaciones todas que le fueron fortaleciendo en el Señor, hasta que el propósito de Dios se cumplió en su vida. Pero este capítulo 10 del primer libro de Crónicas que no incluimos aquí porque es largo y porque toda esa serie de nombres puede hacer tediosa la lectura, nos dice a todas luces algo muy importante: David a pesar de todas sus virtudes, no podía solo, hacer lo que hizo, pelear como lo hizo, gobernar como lo hizo. Todos estos hombres le ayudaron en su reino e hicieron grandes cosas que el Señor no quiso pasar por alto para mostrarnos esta gran verdad y reconocer lo que estos hombres hicieron. En la primera carta a los corintios capítulo 4 versículo 5 se nos dice que llegado el momento, cuando venga el Señor, cada uno de nosotros recibirá su alabanza de Dios. Solos no podemos hacer las cosas, todos somos importantes. No es necesario cargos relevantes, posiciones encumbradas, para servir a Dios. Con humildad, haciendo en cada caso lo que debemos hacer, seremos sumamente útiles para el Señor y si somos fieles en lo poco, si el Señor así lo estima nos dará tareas de mayor responsabilidad. Esta Palabra de Dios es válida tanto para los que están arriba como para los que están abajo. Nadie es más importante. Todos somos necesarios.
May 05
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