Sal 32. 8: Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar…
Es imposible renunciar a algunas decisiones.
A lo largo de toda la vida es imposible renunciar a la toma de decisiones, pero la juventud tiene en sus manos las llaves del futuro. Tiene ante sí muchas decisiones que le marcarán y determinarán las condiciones de su existencia. De la calidad de este proceso dependerá su éxito o su fracaso.
Vamos a partir de que en el caso de las elecciones verdaderamente cruciales, jamás vamos a poder tener todos los elementos en la mano. Por supuesto, no somos Dios, pero le tenemos a Él que si los tiene y esta dispuesto a cuidarnos y a llevarnos como niños pequeños por donde más nos conviene. Y así será, a no ser que seamos lo suficientemente arrogantes como para rechazarle y entonces nos deje tropezar para que aprendamos la disciplina.
¿Qué tienen los jóvenes por delante? Guardar la Palabra del Señor. Él es lo primero. El que ama a padre, madre, familia, riquezas más que a mí, no es digno de mí. Niéguese a sí mismo y sígame. Debemos valorar si estamos dispuestos a esto, y si la respuesta es positiva, asumirlo como un modo de vida, sin tibiezas. Si vamos a agradar al mundo que sea porque somos un reflejo de Jesucristo y sus obras están en nosotros, y no porque nos parecemos a ellos en modo de actuar, hablar o vestir. Con este punto bien claro debemos decidir que hacer con nuestras vidas. Pueden haber infinidad de tópicos, se me ocurren tres: estudio, matrimonio y trabajo. ¿Qué hacer?
Un ejemplo personal.
Hace algunos años cuando estaba para graduarme en la universidad, un día nos citaron a una reunión y nos hicieron una propuesta de trabajo. La oferta era bastante tentadora. Un buen empleo. Automáticamente comenzaríamos una maestría. Superación en el extranjero. Misiones en otros países. Nada, de pronto le dices al pobre que va a salir de su pobreza y se arrebata. Sabemos desde el punto de vista material lo que significa una misión en el extranjero. Dos años en el exterior equivale a más de veinte años de trabajo en Cuba. Muchos problemas económicos resueltos. Yo tuve que decidir y decidí entrar en el proyecto. Observé las posibilidades hasta donde pude y me arriesgué. Dicen que el que no se arriesga ni gana ni pierde. Pues yo perdí. Conté con mis fuerzas y nunca con el Señor. Él tenía otros planes para mí. Decidí sin tener en cuenta las cosas que de verdad importan y fallé. Nunca fui a ningún país a pesar de que me pasé toda una tarde llenando papeles para el pasaporte y todos los documentos necesarios. El tiempo fue pasando y aquello hacía agua por donde quiera. Dos años estuve por allá y tuve que regresar. Reconocí que había perdido. Pero eso no es todo. En ese tiempo, desaproveché oportunidades donde hoy ganaría casi el doble de mi salario con mejores condiciones de trabajo. Evidentemente tomé una mala decisión y he padecido por ello. Estos casos se pueden evitar si tenemos en cuenta al Señor y a su Palabra. Pr. 16. 9 dice: El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos. Pero para que Él los enderece tenemos que hacerle partícipe de nuestras vidas, contarle nuestros problemas, pedirle dirección. De lo contrario es muy fácil que se pueda aplicar Pr. 14. 12: Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.
Decidir correctamente no es fácil.
Él no quiere maltratarte ni que pases penurias y necesidades para llevarte al lugar donde debes estar, Él quiere que vayas allí por decisión propia. El propósito en la vida solo tiene sentido con Dios. Las personas que no creen descubren demasiado tarde que su vida no tiene valor alguno. La han gastado en vano sin hacer nada importante. Cualquier decisión debe perseguir el fin de glorificar el nombre de Jesucristo. Es en la juventud donde se tiene la oportunidad de tomar las mejores decisiones de nuestra existencia si lo hacemos de la mano de Jesús. Todos los que hemos aceptado al Señor tenemos esa posibilidad. Hemos aceptado el regalo de la salvación. Ahora nos toca entrar de lleno en el proceso de crecimiento. Recuerda que estamos destinados a ser como Jesucristo. El propósito de Dios se va a cumplir en nuestras vidas, pero si nuestras decisiones son correctas, más rápido será, con mayor gozo y mucho menos sufrimiento.
Decidir correctamente no es fácil. Dependerá de la situación en que nos encontremos, como queremos estar en el futuro, los recursos disponibles, el tiempo que tengamos. Va a influir con toda seguridad las emociones, las presiones de la gente. No debemos mover un dedo si estamos molestos o muy cansados. Comparar lo que queremos hacer con lo que dice la Biblia. Buscar consejo sin temor, pero no en cualquiera, no en el compañero de estudio o trabajo, sino en alguien a quien Dios pueda usar para darte una palabra de sabiduría. Pr. 15, 22 dice: Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman. Debemos evaluar cuales serían las consecuencias de nuestra decisión en un plazo mayor. Ser responsables, nunca hacer nada a la ligera ni dejarnos guiar por las apariencias. Y lo más importante de todo, buscar la dirección del Señor mediante la oración. Jesús nos dio ejemplo en todo. Recordemos que antes de escoger a sus doce discípulos se retiró al monte a orar, y solo después de pasar la noche orando es que se siente fuerte para seleccionarlos. Hagamos lo mismo y el Señor se va a complacer en bendecirnos y darnos la protección que necesitamos.
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