Lo que viví en la prisión impactó mi vida 1.
P: Siempre te hemos escuchado decir que la prisión marcó un antes y un después en tu vida, que fue una etapa bien importante para ti. ¿Nos puedes decir por qué?
R: Era muy joven en ese entonces, tenía 19 años. Era apasionado, creía que me las sabía todas. Quería servir al Señor y estaba en mi interior convencido de que Dios me iba a librar de una forma o de otra del servicio militar. No era una fe ciega, tenía una base humana. Tenía problemas en una rodilla, no me podía agachar, cada vez que me pasaba de listo y me ponía a practicar algún deporte no pasaba mucho rato sin que la rodilla se me pusiera del tamaño de una pelota de futbol y los dolores, terribles.
P: ¿Qué te había dicho el ortopédico?
R: Realmente no sabían. Ellos querían hacerme una prueba con un equipo, que nunca supe en realidad que cosa era porque el equipo siempre estuvo roto y no me la pudieron hacer, pero me mandaron muchas cosas, esto fue durante varios meses y no mejoraba con nada. No podía flexionar la pierna, tan solo podía un poquito y de ahí en adelante el dolor terrible. Los médicos ensayaron varias cosas, me pusieron en una ocasión un yeso con la pierna estirada totalmente, después me pusieron otro con la pierna flexionada. La llevaron hasta esa posición y me la enyesaron. Pero no resolví con nada de esto. Hasta que un día dijeron: vamos a abrir la rodilla para ver que es lo que hay ahí. Esa idea no me gustó mucho. Había sido disciplinado hasta ese entonces pero ellos estaban ensayando conmigo y no me hacía gracia que me operaran sin saber siquiera a que nos estábamos enfrentando. Decidí esperar a que el equipo famoso se restableciera.
P: El hecho de tener este problema te hacía pensar que la comisión médica te iba a declarar no apto y no ibas a ir al servicio militar.
R: Así mismo. El hecho de que ortopédicos reconocidos como muy buenos no dieran con el problema me hacía pensar que lo que me estaba pasando no era otra cosa que el plan de Dios para evitarme el servicio militar. Pero con el Señor uno nunca puede dar las cosas por sentado porque siempre te sorprende. Uno puede dar por sentado que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, pero eso no quiere decir que vamos a transitar por un lecho de rosas, el tránsito puede ser bien difícil, pero de alguna manera va a acabar bien. Pues tenía un problema médico real, una prueba pendiente, en aquellos tiempos no era como ahora que a todo el que llaman al servicio lo pasa aunque sea cocinando en una escuela o trabajando en una oficina. Yo pensaba que me iba a librar y que todo ese tiempo yo lo iba a aprovechar haciendo cosas para Dios. Pero me declararon apto y tuve que ir al servicio.
P: Pero ¿Qué pasó con el problema? ¿La comisión médica que dijo?
R: Me sentí muy triste porque yo no estaba inventando el problema y no debía ser nada gracioso un entrenamiento militar con dolores terribles en una rodilla, pero a nadie le pareció importar aquello y seguimos. Nunca más fui al médico por aquel problema, nunca me hice la prueba. Si te digo hoy después de tantos años que prueba era o que equipo era aquel te diría una mentira. Lo cierto es que después que dejé todo tratamiento y seguí el rumbo de la vida, se me quitaron los dolores y quedé sanado hasta el día de hoy, porque puedo perfectamente hacer cuclillas correr, tengo fuerza en mis piernas. Todo bien.
P: Entonces ¿Dios te sanó?
R: Bueno, nada pasa por casualidad. Nadie puso las manos sobre mí, ni oraron por mi sanidad, pero toda buena dádiva y todo don perfecto viene del Padre de las luces. Una vez que decidí aceptar lo que Dios quería para mi vida, el problema desapareció. No tengo otra explicación. Pero te contesto lo primero que me preguntaste, fue un tiempo muy difícil para mí, que abrió mis ojos para entender y darme cuenta de cosas que verdaderamente uno no sabe ni que existen y cuando lo examino con el paso del tiempo me doy cuenta de que Dios quería que pasara por allí, que viera, que aprendiera, que sintiera. Aun hoy yo no soy del todo consciente de todo el impacto que todas esas experiencias marcaron en mi vida.
P: ¿Qué te sucedió?
R: Muchas cosas que te espero contar. Yo estaba meditando mucho en aquellos días. Esa realidad que está ahí, conviviendo con nosotros, al doblar de nuestras puertas. Una llega a comprender cuan perdido está el mundo, pero casi siempre pasa por alto estas cosas. ¿Qué tiene que tener un hombre en su cabeza para él mismo cortarse sus dos manos en una sierra?
P: ¿Cómo es eso? Eso es terrible. ¿Cómo pasó eso?
R: No sé como sucedió. De alguna manera un preso se les escapó a los guardias y echó a correr. Eso fue dentro de la prisión, no fue que el hombre se fugó, en realidad en ese momento no tenía posibilidades de escapar. Se metió dentro de una carpintería que había en la prisión y pasó las manos por la sierra. Se cortó sus dos manos con la sierra de la carpintería. Eso fue terrible de verdad. Y uno piensa, eso no es cualquier cosa, eso no es una bobería que después la puedo corregir, que puedo rectificar. Las manos son para un hombre tan necesarias. Y en muchas variantes, muchas veces el hombre no tiene conciencia de las consecuencias que tienen sus actos. Imagina por un momento aquellas manos cortadas, la sangre corriendo, el olor de la sangre que de por sí es impactante y si encima de eso el hombre es un enfermo de Sida. Una sola gota de su sangre te puede contagiar a ti. Imagina vivir en un mundo donde nunca has visto nada que se parezca a eso y de pronto. Es duro.
Continuará…
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